Acuerdos en la conyugalidad durante la vivencia de la  
parentalidad, desde la voz de las madres  
Marital Agreements During the Experience of Parenthood: Mothers’  
Perspectives1  
Isabel Cristina Bernal Vélez2  
Jorge Andrés Mora Álvarez3  
Universidad Pontificia Bolivariana.  
Medellín, Colombia  
Universidad Pontificia Bolivariana.  
Correo electrónico: jorge._mora@hotmail.com  
Medellín, Colombia.  
Cómo citar [APA]: Bernal-Vélez, I. C., y Mora-Álvarez, J. A. (2026). Acuerdos en la conyugalidad durante la  
vivencia de la parentalidad, desde la voz de las madres. Revista Poliantea, 21(1), 1-21. https://doi.org/  
10.15765/qnejpr73  
Recibido: 22/11/2025. Concepto de evaluación: 21/01/2026. Aceptado: 23/03/2026.  
Resumen  
La conyugalidad y la parentalidad son procesos que las parejas viven de manera simultánea  
y que demandan ajustes continuos para sostener el vínculo afectivo y la vida familiar. El  
objetivo de esta investigación fue comprender los acuerdos y las prácticas construidas por  
mujeres en parejas heterosexuales convivientes para transitar de forma paralela la  
conyugalidad y la parentalidad, en el área metropolitana del Valle de Aburrá durante el año  
2023. El estudio se desarrolló a partir de una metodología cualitativa, con enfoque  
fenomenológico y diseño narrativo, operacionalizado mediante un estudio de caso cualitativo  
descriptivo. La información se generó a través de entrevistas semiestructuradas realizadas a  
diez mujeres con experiencia de maternidad. Los hallazgos muestran que la comunicación,  
el respeto mutuo, la flexibilidad y el reconocimiento de las crisis asociadas a la crianza son  
elementos centrales para la protección del vínculo conyugal. De igual manera, se resalta la  
importancia de establecer límites, metas compartidas y acuerdos adaptativos que permitan  
equilibrar las exigencias de la vida en pareja y la parentalidad. Se concluye que estos  
procesos se configuran de manera dinámica y situada, en función de los recorridos vitales y  
las condiciones socioculturales de las parejas.  
Palabras clave: Conyugalidad, pareja, parentalidad, subsistemas familiares, acuerdos.  
1 Esta investigación no recibió financiación externa, no generó ni analizó datos nuevos que requieran disponibilidad de acceso abierto, ni reproduce  
material de otras fuentes que requiera permisos adicionales. Los autores declaran no tener conflictos de interés.  
2
Autora de correspondencia. Coordinadora del área de intervención Clínica en Familia en Centro de Familia y Atención Psicológica de la  
Universidad Pontificia Bolivariana. Docente titular del pregrado de Trabajo Social, postgrado en familia y maestría en terapia familiar en los módulos  
de formación terapeuta, practica de intervención con familias, supervisión clínica, trayectorias vitales, miembro del grupo de investigación  
Territorios, Dinámicas Socioculturales y Familias, coordinadora del Semillero de Investigación en Familia de la Universidad Pontificia Bolivariana.  
3 Trabajador social y terapeuta familiar vinculado a áreas que tocan con el trabajo hospitalario y del cuidado de la salud física y mental.  
Revista Poliantea  
E-ISSN: 2145-3101  
Vol 21. Núm. 1 (2026)  
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Abstract  
Conjugality and parenthood are experienced simultaneously by couples who raise children,  
requiring continuous negotiation of relational, emotional, and practical arrangements. This  
study aims to understand the agreements and practices constructed by women in  
heterosexual cohabiting relationships as they navigate conjugality and parenthood in parallel.  
The research was conducted using a qualitative methodology with a phenomenological  
approach and a narrative design, operationalized through a descriptive qualitative case study.  
Data were generated through semi-structured interviews with ten women residing in the  
metropolitan area of the Aburrá Valley, Colombia, who were living with their partners and had  
parenting experience. The findings reveal that communication, mutual respect, flexibility, and  
the recognition of crises associated with childrearing play a central role in sustaining the  
couple relationship over time. Additionally, the establishment of boundaries, shared goals, and  
adaptive agreements emerges as essential for balancing the demands of conjugality and  
parenthood. The study highlights the dynamic and processual nature of couple relationships  
and underscores the importance of contextualized interventions that support couples during  
different stages of the family life course.  
Keywords: Conjugality, couple, parenthood, family subsystems, agreements.  
Resumo  
A conjugalidade e a parentalidade são vivenciadas simultaneamente por casais que criam  
filhos, exigindo uma negociação contínua de arranjos relacionais, emocionais e práticos. Este  
estudo tem como objetivo compreender os acordos e as práticas construídos por mulheres  
em relações heterossexuais de coabitação ao vivenciarem, de forma concomitante, a  
conjugalidade e a parentalidade. A pesquisa foi desenvolvida por meio de uma metodologia  
qualitativa, com abordagem fenomenológica e delineamento narrativo, operacionalizada  
mediante um estudo de caso qualitativo descritivo. Os dados foram produzidos a partir de  
entrevistas semiestruturadas com dez mulheres residentes na região metropolitana do Vale  
do Aburrá, Colômbia, que coabitavam com seus parceiros e possuíam experiência de  
parentalidade. Os resultados revelam que a comunicação, o respeito mútuo, a flexibilidade e  
o reconhecimento das crises associadas à criação dos filhos desempenham um papel central  
na manutenção da relação conjugal ao longo do tempo. Além disso, o estabelecimento de  
limites, objetivos compartilhados e acordos adaptativos emerge como elemento essencial  
para equilibrar as demandas da conjugalidade e da parentalidade. O estudo evidencia a  
natureza dinâmica e processual das relações conjugais e ressalta a importância de  
intervenções contextualizadas que ofereçam suporte aos casais ao longo das diferentes  
etapas do ciclo de vida familiar.  
Palavras-chave: conjugalidade, casal, parentalidade, subsistemas familiares, acordos.  
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Introducción4  
La parentalidad según Rodríguez et al (2015), se entiende como el ejercicio de las  
acciones que realizan los miembros de la familia o aquellos con lazo no consanguíneo que  
asumen tareas frente al cuidado y la crianza. Estos procesos que viven parejas con hijxs bajo  
su cuidado, ya sean gestados por ambos miembros de la pareja, en otras relaciones, en  
reproducción asistida o adopción; independiente de la ritualización que las une y del recorrido  
vital que viven demandan la gestión de una serie de situaciones a nivel personal,  
sexoafectivo, familiar y social para materializar los acuerdos de la parentalidad. A su vez, se  
entenderá por pareja lo planteado por De la Espriella (2008) “una relación significativa,  
consensuada, con estabilidad en el tiempo…” y es con la formación de una pareja donde  
podrá surgir un nuevo sistema, donde cada miembro trae consigo creencias, expectativas y  
renuncias. La pareja no es solo dos seres en el encuentro del amor, sino una amalgama de  
experiencias, emociones, sentimientos, aprendizajes y sucesos significativos, previos y en  
construcción, de su diario vivir, que ponen al servicio de la institucionalización del ser pareja,  
lo que conlleva a la consolidación de la identidad de este vínculo, el cual podrá, modificarse  
o ajustarse a las situaciones que se vayan presentando en su existencia.  
Asimismo, la conyugalidad será entendida como la vivencia entre seres que se aman  
entre sí enlazados en la compleja vivencia de componentes cognitivos, emocionales y  
pragmáticos, que posibilitaran la capacidad de resolver los conflictos que se gestan en la  
pareja, y caracterizado por un contexto donde se vivencia la eroticidad (Linares, 2010); cada  
miembro de la pareja traerá consigo una serie de retos que estarán permeados por la cultura  
y el contexto, los cuales tendrán que gestionarse para el trasegar del establecimiento de  
acuerdos en torno a la relación. Así, la noción de conyugalidad conlleva un proceso de  
individualización de sus miembros que es necesario, pero debe negociarse para no poner en  
riesgo a la pareja como su vivencia parental (Gómez, 2010).  
A su vez, el conflicto conyugal será entendido como las contraposiciones de los  
miembros de la pareja frente a los gustos e intereses (Mosmann & Wagner, 2008). El conflicto  
trae consigo la oportunidad de modificar aquello que genera desavenencias, por lo que  
debería ser considerado como la oportunidad de trascender, es decir se conceptualiza como  
las diferencias que se generan en las parejas, y cómo este es una de las opciones para  
realizar transformaciones en torno a cómo vivencian y planifican su relación.  
En el enfrentamiento de los conflictos en la vida de la pareja, Campos y Poulsen  
(2013) observaron que es relevante en las parejas la conciencia del cuidado del vínculo y el  
cuidado del otro, no tramitarlos podría llevar a su disolución, en tanto al obviar este cuidado,  
4 Es importante precisar que en este articulo: cuando se haga referencia a los géneros se utilizará la x para dar cuenta de género  
femenino y masculino.  
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es posible que se estén privilegiando intereses particulares. Así, la crianza de los hijxs podrá  
ser una de las experiencias más maravillosas de su vida, como también un proceso de  
múltiples incertidumbres, no solo responsabilizarse de otro ser humano, sino también desde  
la necesidad de construir nuevos acuerdos y arreglos en las relaciones de pareja, las cuales  
deberán estar en consonancia con el otro, buscando desarrollar recursos para gestionar sus  
conflictos.  
Las parejas viven transformaciones permanentes y transitorias, determinadas  
histórica, social y culturalmente, como la llegada de los hijxs, y con ellos, los retos para realizar  
ajustes que favorezcan esta transición familiar (Campos y Poulsen, 2013):  
La inclusión de un tercer miembro a la diada matrimonial generalmente produce  
cambios en la relación de pareja tanto en el tiempo para estar juntos y para el ocio, así como  
los cambios en los patrones de intimidad con el consiguiente efecto en la vida sexual. La  
mayoría de las parejas reportan más conflictos y desacuerdos después del nacimiento de los  
hijos.  
De ahí, la relevancia de establecer acuerdos y prácticas en la relación sexoafectiva y  
en la crianza a lo largo de sus recorridos vitales y tensiones conexas, pues estas podrán  
afectar a sus miembros, incidiendo de algún modo en las formas de relacionamiento (Zapata  
Posada & Agudelo Bedoya, 2015) por esto se deben tener en cuenta los ajustes y  
negociaciones en la cotidianidad de ambos vínculos (Campo, 2015), que no estarán exentos  
de perturbaciones, pues implicarán movimientos que ponen a prueba su capacidad de  
consenso para continuar trasegando la vida.  
En consonancia con lo dicho, la formación del vínculo conyugal requiere acuerdos y  
ajustes a lo largo de su consolidación, los cuales, durante su crecimiento permiten el  
conocimiento del otro, el fortalecimiento del vínculo e inclusive, el reconocimiento del  
momento de su disolución. Según Armenta-Hurtarte et al. (2012): “la satisfacción marital juega  
un papel importante en la relación, ya que ésta es producto de una evaluación global de  
diversos aspectos sobre la relación y la pareja” (p. 52); por cuanto resulta relevante  
profundizar en las prácticas y arreglos que se construyen en la conyugalidad para afrontar la  
crianza de los hijxs en paralelo con el fortalecimiento de la relación sexoafectiva.  
La familia es entendida como un sistema en movimiento, donde se hará transmisión  
a los hijxs de diferentes recursos construidos en la pareja, cuando haya presencia de estos,  
en los cuales se incluyen aquellos que cuenten con un vínculo consanguíneo o no; y que de  
manera transversal impactará en las formas de ser de los miembros, en una especie de elipse  
que va y viene, gestando cambios y transformaciones a lo largo del tiempo (Montalvo Reyna  
et al., 2013).  
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Así pues, las familias atraviesan diferentes momentos, denominados recorridos  
vitales, que traen consigo eventos complejos y únicos, puesto que los seres vivos no deben  
encasillarse en cánones normativos. Así lo mencionan Zapata Posada y Agudelo Bedoya  
(2015): “Las trayectorias hacen referencia a los recorridos vividos e identificados por las  
mismas familias, y las consecuentes contradicciones y complejidades que pueden tener en  
tanto su vida se recrea en la discontinuidad y la fisura” (p. 21); estos reorganizan el sistema  
familiar, en relación con lo que se vive y cómo lo viven, que se deberá afrontar con miras a la  
transformación de los acuerdos pactados con anterioridad.  
El desarrollo de las familias no será comprendido por el paso de etapas continuadas  
como pauta generalizada, este es flexible e impredecible (Semenova Moratto Vásquez et al.,  
2015). Serán los diferentes recorridos vitales los que, instarán a las parejas a movilizar  
recursos tangibles o intangibles, como valores, creencias, experiencias previas, soporte de  
familias de origen, extensa, entre otros; que posibiliten su afrontamiento. Frente a estos  
recursos, Valencia (2020) recalca que “identificar estos recursos constituye un ejercicio  
valioso (…) pues estos garantizan que sea menos traumático para sus integrantes…” (p. 172)  
Los recorridos vitales pueden ser similares en todas las parejas. No obstante, para  
esta investigación, resulta relevante destacar el momento de la expansión, en el cual se  
estima que su principal tarea, según lo mencionado por Semenova Moratto Vásquez et al.  
(2015), es facilitar el ingreso y la aceptación de nuevos miembros en su contexto. Esto  
repercutirá en la reflexión acerca de convertirse en padres y el momento propicio para ello,  
conllevando la formación de nuevos vínculos y flexibilidad en los existentes.  
Los hijxs, sus cambios cognitivos, físicos y relacionales y el deseo de la autonomía  
podrán ser, en ocasiones, las razones por las cuales se decide disolver la relación de pareja;  
sin embargo, autores como Mosmann y Wagner (2008) afirman que las vicisitudes en la  
relación de pareja tienen origen especialmente en la poca habilidad interpersonal de sus  
miembros para la resolución de conflictos, que dará cuenta de la dificultad de adaptarse y  
responder a las necesidades de los hijxs, por ejemplo, y es allí donde se explicita que la  
llegada de los hijxs genera cambios en el interior de las relaciones de pareja y estos  
indudablemente requerirán del establecimiento de acuerdos frente a las tareas de paternar y  
maternar.  
Así mismo, el ejercicio de la parentalidad genera nuevas formas de compromiso, como  
son tareas nuevas para los padrxs primerizxs; sin embargo, para las familias reconstituidas,  
las experiencias previas con sus hijxs pueden aportar de manera significativa sobre las tareas  
de cuidado y soporte, en ambos casos generan dinamismos y a su vez, traen consigo  
dificultades por la necesidad de desplegar el amor a otros miembros, restringiendo el erotismo  
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y la actividad sexual, lo que podrá aumentar la carga frente a las tareas que se asumen como  
adultos (Semenova Moratto Vásquez et al., 2015).  
En relación con el vínculo parental se establecen estilos parentales que deberán estar  
desligados de la vida en pareja, pues se entienden como vínculos diferentes; Mosmann y  
Wagner (2008) indican una serie de características en el proceso de cuidado a los hijxs; allí,  
aducen que padres que se denotan responsivos y exigentes serán padres autorizantes;  
aquellos que cuentan con baja exigencia serán clasificados como negligentes; padres  
responsivos, pero no exigentes, los denominan indulgentes; y aquellos excesivamente  
exigentes y pocos responsivos serán autoritarios; de estos, el estilo autorizante no tendrá  
mayor asociación con los conflictos conyugales, pero por su parte el autoritario si lo será,  
denotando el impacto del ejercicio de la parentalidad en la relación conyugal. Sobre este  
mismo asunto, Rodrigo et al (2015) puntualiza que “Cuando se realiza adecuadamente dicha  
vinculación se favorecen los procesos constitutivos de la personalidad y del desarrollo del  
niño, lo que repercute a su vez positivamente en el desarrollo de las figuras parentales.” (p.27)  
Lo anterior reconocerá la experiencia de vida de la pareja como recurso que apoyará  
el afrontamiento de recorridos vitales venideros, una vez resuelto el que le antecede; todo  
esto como muestra de la forma cíclica en que las parejas se desenvuelven.  
Frente a la gestión de la vida diaria, aflora una solidaridad mutua, amplia y disponible  
en la pareja, se deberá negociar en mayor medida las responsabilidades acordes a dos  
aspectos: estableciendo las decisiones económicas y la asignación de las tareas domésticas,  
como fórmula primordial para la convivencia (Linares, 2010). Estas dimensiones cobran  
relevancia en la pareja, pues permitirán, entre otras, continuar construyendo su proyecto vida  
y la toma de decisiones conforme a su realidad.  
En esta gestión de la vida diaria, con la llegada de los hijxs, la familia se amplía, por  
lo que surgen nuevos papeles no solo en la pareja, entendidos como padre o madre, sino  
también en los miembros de la familia extensa, donde surgen roles como abuelxs, tíxs,  
hermanxs y primxs, situación que generará nuevas configuraciones y ordenamientos en el  
sistema familiar (Semenova Moratto Vásquez et al., 2015). Separarse de la familia de origen  
es una de las situaciones que tendrán mayor injerencia en la relación de pareja; los miembros  
de la pareja traen consigo vivencias de sus familias de origen que permearan sus prácticas  
de cuidado y crianza, lo que hace necesario establecer acuerdos que posibiliten un proceso  
de soporte, cuidado y solidaridad, gestando vínculos seguros y claros que disminuyan el  
riesgo de confusiones intergeneracionales en la toma de decisiones frente a la crianza de los  
hijxs y la vida en pareja.  
En definitiva, la vivencia paralela de la parentalidad y la conyugalidad podría traer  
retos para las parejas, pues se estima la posible necesidad de generar transformaciones que  
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den respuesta a situaciones de crisis que impactan la estabilidad del vínculo y el cuidado de  
aquellos que dependen de su existencia; esto, ligado a lo encontrado por Beltrán Rubilar et  
al. (2021), quien da relevancia a la necesidad de aumentar la flexibilidad y adaptabilidad de  
la pareja en relación con los retos que la crianza supone.  
A modo de justificación, esta investigación surgió del interés por conocer las maneras  
en que 10 mujeres en relación de pareja heterosexual se han organizado para cuidar y  
gestionar el vínculo conyugal mientras maternan, con el fin de contar con información  
actualizada frente a este fenómeno que brinde orientación a aquellos profesionales que en  
su ejercicio profesional acompañen parejas en la gestión de conflictos que surgen durante la  
vivencia de la conyugalidad y el ejercicio de la parentalidad, debido a que esta situación es  
de consulta recurrente.  
Método  
Tipo de estudio  
La presente investigación se desarrolló desde un enfoque cualitativo, orientado a la  
comprensión de los significados que las personas atribuyen a sus experiencias en contextos  
específicos. Este enfoque permite aproximarse a las prácticas, discursos y sentidos  
construidos en la vida cotidiana, reconociendo el carácter situado, relacional y subjetivo de la  
experiencia humana (Fernández Riquelme, 2017).  
Desde esta perspectiva, el estudio adoptó un enfoque fenomenológico, en tanto buscó  
describir y comprender las experiencias vividas por las participantes en relación con la  
conyugalidad y la parentalidad, atendiendo a los significados que ellas mismas atribuyen a  
estos procesos a lo largo de sus trayectorias vitales. El interés estuvo centrado en develar  
elementos comunes de dichas vivencias, sin perder de vista sus particularidades,  
privilegiando la voz y la interpretación de las propias participantes (Hernández Sampieri et al.,  
2014).  
Diseño  
En coherencia con el enfoque fenomenológico, se empleó un diseño narrativo, dado  
que el acceso a la experiencia se realizó a través de los relatos mediante los cuales las  
participantes organizan, interpretan y comunican su vivencia de la vida en pareja y de la  
maternidad. La narrativa fue entendida como una vía para comprender la manera en que las  
mujeres construyen sentido a partir de sus historias, discursos y experiencias, en relación con  
el contexto sociocultural en el que están inmersas (García-Huidobro Munita, 2016).  
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Este diseño se operacionalizó mediante un estudio de caso cualitativo descriptivo,  
concebido como el análisis intensivo y holístico de una unidad social delimitada. En este caso,  
el estudio se centró en mujeres que conviven con parejas heterosexuales y cuentan con  
experiencia de maternidad, con el fin de comprender en profundidad los arreglos y prácticas  
que configuran la vivencia paralela de la conyugalidad y la parentalidad (Monje Álvarez,  
2011).  
Participantes  
La muestra estuvo conformada por diez mujeres residentes en el área metropolitana  
del Valle de Aburrá, contactadas mediante la técnica de bola de nieve. Los criterios de  
inclusión fueron: ser mujer mayor de edad, convivir con una pareja heterosexual al momento  
del estudio, tener experiencia de maternidad y residir en el área metropolitana del Valle de  
Aburrá durante el año 2023. Se excluyeron mujeres que no convivieran con su pareja o que  
no tuvieran experiencia parental.  
Las participantes tenían edades comprendidas entre los 28 y 55 años, ubicándose  
mayoritariamente en la etapa de la adultez media. En cuanto a su perfil sociodemográfico, se  
caracterizan por desempeñarse en ámbitos relacionados con el cuidado y lo social, ejerciendo  
profesiones como trabajadoras sociales, enfermeras y promotoras sociales. A nivel  
socioeconómico, pertenecen principalmente a los estratos 4 y 5.  
En relación con la vida conyugal, predomina el vínculo de matrimonio religioso, con  
un solo caso de unión libre. Los tiempos de convivencia oscilan entre 2 y 28 años, lo que da  
cuenta de recorridos vitales diversos. La edad de los hijos presenta una amplia variabilidad:  
algunas participantes se encuentran en etapas de crianza inicial, con hijos entre 1 y 3 años,  
mientras que otras transitan la parentalidad con hijos en adolescencia y adultez joven,  
alcanzando edades de hasta 32 años. Esta heterogeneidad permitió captar distintas formas  
de articulación entre conyugalidad y parentalidad a lo largo del ciclo vital familiar.  
El tamaño de la muestra se definió de manera intencional, priorizando la profundidad  
y riqueza de la información por encima de la representatividad estadística. Durante el proceso  
de recolección y análisis de la información se evidenció saturación teórica, en la medida en  
que los relatos comenzaron a reiterar significados, prácticas y experiencias, sin que  
emergieran categorías sustancialmente nuevas.  
Instrumentos  
La información se generó mediante entrevistas semiestructuradas, las cuales  
permitieron abordar temas previamente definidos y, al mismo tiempo, dar apertura a la  
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emergencia de contenidos relevantes desde la experiencia de las participantes. Esta técnica  
facilitó la flexibilidad del diálogo, la profundización en los relatos y la aclaración de sentidos,  
posibilitando una comprensión amplia de los arreglos y prácticas construidos en torno a la  
conyugalidad y la parentalidad (Díaz-Bravo et al., 2013).  
Las entrevistas estuvieron orientadas por la pregunta central de investigación:  
¿Cómo son los arreglos y las prácticas construidas por mujeres miembros de parejas  
heterosexuales convivientes para la vivencia paralela de la conyugalidad y la parentalidad en  
el área metropolitana del Valle de Aburrá?  
Análisis de la información  
Las entrevistas fueron grabadas y posteriormente transcritas de manera manual. El  
análisis de la información se realizó mediante análisis de contenido, entendido como una  
técnica que permite identificar, organizar e interpretar los significados presentes en los  
discursos, atendiendo tanto a lo que se dice como a la forma en que se dice (Beccaria, 2001).  
Para el procesamiento de la información se elaboró una matriz categorial, y el análisis  
se llevó a cabo mediante codificación manual, transformando las categorías y subcategorías  
en registros descriptivos (Fernández, 2002). Las categorías centrales estuvieron relacionadas  
con los arreglos y acuerdos gestados en la pareja, la vivencia de la conyugalidad, la crianza,  
la configuración del subsistema parental, los roles de cuidado, el uso del tiempo y los  
conflictos y transformaciones asociados a la llegada de los hijos. Los hallazgos obtenidos  
fueron contrastados posteriormente con el marco teórico y el análisis interpretativo de la  
autora.  
Consideraciones éticas  
Previo al inicio de las entrevistas, todas las participantes firmaron un consentimiento  
informado, en el que se les explicó el objetivo del estudio, la finalidad de la información  
recolectada y el tratamiento que esta tendría. La investigación se ajustó a los principios éticos  
establecidos en la Declaración de Helsinki (revisión de 2000), así como a las Pautas Éticas  
Internacionales para la Investigación Biomédica en Seres Humanos del Consejo de  
Organizaciones Internacionales de las Ciencias Médicas y la Organización Mundial de la  
Salud (2002), fundamentadas en los principios de respeto por las personas, beneficencia y  
justicia.  
Con el fin de proteger la confidencialidad y el anonimato de las participantes, se utilizó  
un sistema de codificación que combina la letra E (entrevistada) y un número consecutivo  
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según el orden de realización de las entrevistas (E1, E2, E3…), evitando cualquier referencia  
que permitiera su identificación.  
Resultados y discusión  
Acuerdos y prácticas para vivir la conyugalidad  
Con la formación de una pareja se configura un vínculo habitado por personas de cuya  
interacción se espera equidad, mutuo reconocimiento y flexibilidad para negociar sus  
subjetividades de cara a la construcción de un vínculo diferenciado que aunque podría  
compartir semejanzas con otras parejas, siempre habrá distinciones, inclusive respecto a  
otras relaciones de este carácter vividas previamente; “una pareja construye su perfil propio  
y su identidad si consigue desarrollar su mundo íntimo y, a la vez, existir y ser reconocida  
socialmente” (Martín, 2016. p. 128).  
Es así como en el mundo íntimo de las parejas cobran importancia los acuerdos y  
arreglos que gestionan desde la ritualización del vínculo hasta la decisión de tener hijxs y el  
afrontamiento de las responsabilidades parentales.  
Y me dijo que nos casáramos, que nos juntáramos, lo que yo quisiera, que él no quería  
que fuera una relación por fuera de la institucionalidad (…) Sí. Bueno, entonces los  
acuerdos tenían que ver con primero, lo económico (…) Y también otro de los  
acuerdos era que en la relación iba a haber hijos. Que en un principio quería  
solamente uno, yo quería dos, pero eso se fue resolviendo a medida que fuimos  
compartiendo. (E1)  
En este sentido, las parejas requerirán de espacios de diálogo donde se pueda develar  
deseos o gustos de sus miembros y la forma en que se pueden conjugar unos con otros; no  
se podrá partir de fórmulas preexistentes, sino que cada pareja buscará su forma de  
constituirse y fortalecer su vínculo.  
Cobra relevancia para las participantes la realización de actividades de la vida diaria  
personal y familiar que permitan alinear los mundos personales, conyugales y parentales para  
el bienestar conjunto.  
Ve, también te voy a decir una cosa, la gente que dice Ay, que todo, que los viernes,  
que los últimos viernes de cada mes es sagrado para nosotros como pareja, me  
parece que eso es caspa (…) El tema de saludarse uno por la noche, la mañana (…)  
pero siempre por la mañana, sí, como que siempre hemos tenido como la costumbre  
de saludarnos. (E10)  
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Entonces en las relaciones de pareja existen ritos fundamentales para su  
consolidación, lo que bien puede ser denominado: experiencia amorosa (Manrique, 2006).  
Es cierto que el amor es una experiencia fundamental en la emocionalidad de los seres  
humanos (…) Pero hay que distinguir esa emoción básica de lo que comúnmente llamamos  
la experiencia amorosa que es un sentimiento consciente que describe y resume una  
situación de atracción por otra persona.  
Pues nos gustan mucho las actividades de la casa juntos, entonces si estamos en la  
casa, cocinemos juntos o que hagamos aseo juntos, nos ha fortalecido mucho también  
y nos gusta mucho, lo disfrutamos (E6).  
El proceso de consolidación de la pareja permite el conocimiento del otro, su  
crecimiento o disolución y desde donde se validan las posturas de sus miembros, dejando de  
lado posiciones patriarcales. Según Zapata e Isaza (2021),  
La relación que antes se disponía como una franca verticalidad, compuesta por dos  
actores cada uno de ellos, con roles y posiciones bien diferenciadas, hoy se revela como una  
relación cada vez más horizontal, en la que dos sujetos participan en la construcción de un  
vínculo fraterno.  
Es así como la gestión de la vida diaria permitirá fortalecer el vínculo conyugal, y el  
ejercicio de la parentalidad, porque se es consciente de la necesidad de movilizarse para dar  
respuestas a las diferentes tensiones de los recorridos vitales, como una especie de proceso  
de acomodación y adaptación que no estarán distantes de las costumbres y prioridades de la  
pareja.  
Frente a los conflictos en la pareja, las participantes rescatan la comunicación y el  
diálogo como herramientas para su gestión.  
El mejor consejo que yo les puedo dar es siempre la comunicación, o sea, no irse, no  
dejar de hablar, no acostarse nalga con nalga. jajaja siempre, siempre hablar, pero  
hablar en el momento adecuado, no movido por la emoción del enojo ni por la emoción  
de la felicidad, porque cuando uno está en cualquiera de esos dos extremos la  
embarra, porque si estás muy emocionado de la felicidad, entonces todo es  
maravilloso y sí, hagamos, construyamos sí, sí, pero si estamos muy movidos por el  
enojo, entonces todo está gris y no va, no va a hacer como muy fructífera, la  
conversación entonces. Hablar, pero en el momento oportuno. (E6)  
Gestionar conflictos lleva consigo la oportunidad de construir nuevos acuerdos y  
arreglos en consonancia con las necesidades de la pareja para mitigar las afectaciones que  
devendrá de nuevos conflictos. Sin embargo, el tramitarlos no desconoce la disolución como  
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posible opción, en tanto se podría privilegiar, en ocasiones, los intereses de cada miembro  
de la pareja.  
Otros factores para convenir en la vida en pareja es la intimidad; según Ojeda García  
et al. (2009) la intimidad es el medio que permea el ambiente conyugal, de tal modo que, de  
acuerdo con su intensidad, forma de expresión y manejo, puede hacer que la pareja sea más  
vulnerable a presiones externas. (p. 5); este factor estará presente a lo largo de los múltiples  
recorridos vitales, el cual requerirá de diálogo abierto y sincero, y capacidad de la pareja de  
exponerse ante el otro para lograr la satisfacción en el mundo erótico-afectivo mediante el  
establecimiento de acuerdos que les permita proteger su mundo privado.  
Pues, ve, mi esposo es más viejo, o sea, yo soy como más buscona de él, que él de  
mí. él es súper tímido con los niños. Entonces, a él, yo le doy un beso delante de los  
niños y él es... Pues yo siento que se pone rojo. … Entonces. Yo trato como que todos  
los días mi esposo sienta que yo lo quiero mucho y que lo amo, ¿cierto? Y le doy  
besos, lo abrazo a veces lo molesto, y le digo como algún piropo, pero sí, cambia  
mucho y uno trata como de tener también encuentros genitales, pero a veces es muy  
difícil, por lo que yo te digo, pues uno está cansado con múltiples ocupaciones. Con  
múltiples ocupaciones, sí, es chistoso(E1).  
La conyugalidad entonces tiene múltiples expresiones que requieren la disposición de  
cada miembro de la pareja para establecer acuerdos factibles en torno a sus necesidades día  
a día, posibilitando así la gestión de conflictos, el fortalecimiento del vínculo y en últimas  
posibilitará la organización de la pareja para la ejecución de las actividades de la vida diaria,  
Organizarse como pareja para cumplir acciones parentales  
La organización de la conyugalidad para desarrollar las tareas parentales representa  
un desafío ante el cual se pronuncia Puyana (2007) acotando que “convivimos en medio de  
solidaridades y conflictos, fruto de la diversidad humana de quienes componen las familias y  
como respuesta a los múltiples problemas sociales que las asedian” (p. 264), esto conduce a  
reflexionar sobre cómo las parejas gestionan la esfera doméstica, social, sexoafectiva y  
laboral con la llegada de los hijxs.  
Pero en la noche sí nos apoyábamos, como mientras yo estaba en la cocina pendiente  
de la comida qué él estaba pues como apoyando las niñas y ahora que ya están más  
grandes, cada uno tiene una tarea específica, cierto. Todos apoyan, las niñas, él y yo  
eh estamos pues como al pendiente de los quehaceres de la casa. (E7).  
Sin embargo, Gómez Urrutia y Jiménez Figueroa (2015) manifiestan que no se puede  
dejar de lado que las familias tienen una forma de organizarse, la cual es diferente en cada  
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caso; su estructura y jerarquía interna impactan su forma de ejecutar las tareas y su  
distribución.  
Frente a los acuerdos que realizan las parejas sobre el proceso de crianza, las  
participantes resaltan que el lugar del padre empieza mostrarse más activo en las tareas de  
cuidado en convergencia con las transformaciones sociales.  
Pues, yo diría que las mismas desde que Emiliano nació, porque yo no puedo decir  
que yo me he trasnochado más que él (…) En cuanto a la crianza, ha sido  
completamente igual. Él es capaz de quedarse un día completo con el niño, sin mí,  
como yo soy capaz de quedarme un día que él trabaje con el niño solita. hacemos  
todo lo mismo. (E3)  
Lo anterior posibilita encontrar padres más vinculados a la parentalidad, que  
abandonan el acto de proveer económicamente como única acción de paternar a quien Grau  
(2015) describe como “el nuevo padre es un padre más involucrado con sus hijos e hijas que  
los padres de generaciones precedentes” (p. 4).  
Otro aspecto importante para la pareja es el manejo de los recursos económicos,  
Agirre Miguélez (2015) aduce que “las personas que otorgan mayor importancia al hecho de  
tener una relación de pareja paritaria aseguran negociar y llegar a más acuerdos, que las  
personas que no le otorgan tanta importancia” (p. 19).  
A ver ehh, acuerdo, ve ya eso está como implícito, pues eso ya no es como acuerdo  
a ver el dinero sí, cada uno sabe que tiene que dar un aporte, pues un acuerdo. Damos  
un aporte, ¿cierto? cada uno da un aporte y también, por ejemplo, si surge una  
necesidad, Siempre estamos en comunicación y decimos, ve, surgió esta necesidad  
entonces cada uno dice, bueno, yo tengo tanto, aportó tanto cuánto valió y cada uno  
hace su aporte, cierto. (E9)  
Así las cosas, la organización económica suele estar implícita en la gestión diaria del  
vínculo; una vez surgen necesidades que han de cubrirse y que no están contempladas en el  
presupuesto familiar, estos se organizan según sus capacidades económicas individuales  
para cubrir aquello que no estaba en la planeación financiera.  
Por otro lado, las dinámicas laborales, económicas y sociales de la actualidad  
demandan que padres y madres recurran a redes de apoyo para el cuidado de los hijxs y en  
muchos casos es la familia de origen la red más cercana y confiable; no obstante, esto  
requiere tener en cuenta aspectos no solo generacionales sino también jerárquicos para no  
distorsionar los procesos de autoridad. Históricamente se ha relacionado el abuelazgo con el  
cuidado permisivo y el vínculo con los tíxs como una relación más horizontal y confidente.  
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De pronto mi hermano mayor, él lo quiere mucho, es un amor como mutuo de los dos.  
Entonces si él quiere algo, en ocasiones nosotros le decimos: no hijo, puede que sea  
porque no tenemos la plata o porque no nos parece que se le va a dar todo lo  
económico. Él llama a mi hermano y mi hermano, por ejemplo, se lo da. Entonces yo  
muchas veces soy: ve, no, tenemos un no por el cual le dijimos. Él es el que más  
influencia tiene, como sobre él o también en cosas muy buenas, le dice como colocate  
a estudiar bien juicioso, gana el examen, él tiene mucha influencia sobre él. (E5)  
Es así como Casares García (2008), reconoce en la relación con la familia extensa un  
soporte que transversaliza los diferentes recorridos vitales, siendo de mayor relevancia en el  
mundo relacional de la familia, la crianza de los hijxs y cuando algún miembro es dependiente  
total o parcialmente de su cuidado. Así mismo, la influencia de la familia extensa es un  
acuerdo que las parejas abordan con el fin de lograr una vinculación en la cual sirvan como  
soporte y acompañamiento que no interfiera en el establecimiento de normas dispuestos en  
el proceso de crianza.  
En síntesis, el proceso de crianza, indiferente de la edad de los hijxs y sus recorridos  
vitales, se encuentra rodeado por el cansancio físico, la ilusión, el aprendizaje y la generación  
de nuevas experiencias emocionales, que se asumen con disposición por la decisión de  
maternar, pero espera ser superado en la medida que los hijxs crecen y logran su  
independencia.  
Gestionar la conyugalidad viviendo la parentalidad  
Trasegar entonces, entre la conyugalidad y parentalidad es un ejercicio complejo que  
viven a diario las parejas durante la existencia del vínculo conyugal, en este las  
participantes reconocen que es difícil diferenciar el lugar de madres respecto al de la  
pareja y; se reconoce a partir de las narrativas de las participantes y en algunas de  
ellas, se encuentran en una especie de vaivén respecto al cuidado del vínculo y todo  
lo que supone la crianza, ellas manifiestan como este tránsito está condicionado por  
las necesidades familiares; en palabras de la participantes para alguna de estas  
destacan así la complejidad de este vaivén: “Bueno, digamos que a veces es  
complejo, porque digamos que se suma, como todo entonces, por todas esas cosas  
que trae la crianza, el acompañamiento de los hijos a veces es difícil, cierto como  
difieren, venga es que nosotros somos una pareja, ¿cierto? tenemos otros espacios,  
otras necesidades y no todo tiene que ser sobre los hijos (E8)  
De igual manera, existe un reconocimiento de la necesidad de diferenciarse y además  
enfatizan que se realizan algunas acciones para lograrlo; sin embargo, las parejas de hijxs  
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en crianza inicial o escolar, en muchas ocasiones, se enfocan exclusivamente en el  
cumplimiento de funciones parentales, dejando de lado la pareja.  
Frente a la decisión de ser padres y madres, surgen renuncias y ganancias, las cuales  
son variadas según las experiencias de vida de las entrevistadas. Para un número importante  
de estas, la mayor renuncia fue utilizar su tiempo en las funciones de cuidado y crianza, y en  
relegar sus espacios de ocio y de disfrute en pareja en el atender a los hijxs.  
Renuncias, nosotros mmm a qué renunciamos, a tanta callejeadera, nosotros éramos  
muy callejeros los dos (…) no sin control, pero pues como sin ataduras de otro tipo,  
socialmente sí (...) Libertad a muchas cosas cierto, a dormir hasta tarde (E10).  
Dar respuesta a las necesidades de los hijxs y de la pareja lleva a la imperiosa  
necesidad de establecer acuerdos y arreglos, algunos de ellos, como la intimidad y resolución  
de conflictos, son de mayor dificultad en relación con su cumplimiento, por lo que ahí es donde  
prima la comunicación como un factor fundamental en la convivencia; Ospina Botero y  
Valencia (2018) la consideran un elemento y un recurso importante para el compromiso y el  
manejo de las crisis según las necesidades que van surgiendo.  
Cuando los hijos se acuestan temprano, nosotros decidimos jocosamente que  
sabemos que son de nosotros. Cuando nosotros los niños se quedan solos, entonces,  
digamos que o sea dentro de las cosas que tenemos, es no perder, o sea, tratar de  
aprovechar el tiempo al máximo. siempre ha sido, eso definitivamente es un tema de  
comunicación y de entender. Y de entender que, si bien no es la prioridad del  
matrimonio, sí definitivamente es algo que alimenta al matrimonio. Y qué hace que las  
parejas sean atractivas. Porque si no... (E10).  
Es de anotar que los acuerdos y prácticas requieren ajustes y para ello es necesario  
el uso de múltiples estrategias, García et al. (2016) manifiestan que el nivel de satisfacción  
en la pareja está relacionado con la vinculación y cercanía emocional y sexual, así como  
también la capacidad de resolver constructivamente las diferencias.  
Es así como ajustar de manera adecuada aquellas situaciones que generan malestar  
permitirá acumular nuevos recursos para afrontar los conflictos a los cuales se podrán  
enfrentar  
En las noches siempre aprovechamos estar todos, los cuatro juntos comemos en el  
comedor, ahí aprovechamos, pues como a revisar y a decir bueno, esto no está  
funcionando, habíamos dado esta esta orden, no habíamos quedado en este acuerdo,  
¿cierto? (...) cuando se trata de la situación de pareja, cuando hay algo que no está  
como funcionando, pues o él o yo, tomamos la decisión de salir de la casa, ¿cierto?  
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(…), pues como conversar de eso que no está como funcionando bien o que no se  
está cumpliendo y mirar, cómo lo podemos mejorar. (E7)  
Vivir de manera paralela la conyugalidad y la parentalidad es el resultado de  
transformaciones, si bien existen situaciones en relación con el cuidado doméstico, que se  
describen como ganancias, para las participantes lograr una equidad en torno a estos  
aspectos es complejo, pues en ocasiones se ofrece mayor dedicación y atención a las  
funciones de cuidado de los hijxs que del vínculo de la pareja; si bien se reconoce la  
necesidad de apoyo externo para sortear las dificultades, es complejo llegar a este, pues se  
describe falta de disposición masculina, como complejo cultural, para recibir asistencia de  
profesionales o personas externas a la pareja.  
Conclusiones  
Las parejas que deciden tener hijxs deberán trabajar de manera conjunta en la gestión  
de recursos para la diferenciación y alineación de la vida conyugal y la parentalidad mediante  
la construcción de acuerdos y arreglos acordes con las necesidades que los diferentes  
recorridos vitales demandan.  
De acuerdo con las entrevistadas los factores a convenir durante la formación de la  
pareja fueron múltiples, como lo son la decisión de tener o no hijxs, vivir bajo la  
institucionalidad mediante un ritual socialmente aceptado civil, simbólico o de alguna corriente  
religiosa, el establecimiento de responsabilidades parentales y, no menos importante, el  
manejo del dinero. Sin embargo, existieron otros acuerdos que fueron mediados por las  
particularidades propias de cada contexto en el cual estaba inmersa la pareja, tales como  
dónde vivir, cercanía con las familias de origen, qué acciones tomar en caso de que se termine  
el amor y, por último, la negociación de la libertad de cada miembro, entendida como los  
espacios personales de cada uno.  
El tiempo que las parejas destinan para realizar paseos, comer fuera de casa, asistir  
a fiestas y planear su futuro, es valorado por la entrevistadas como espacios que se ha diluido  
con la llegada de los hijxs, la administración del hogar, las responsabilidades laborales y los  
deberes que implica maternar.  
En relación con la sexualidad e intimidad, las participantes identifican que la llegada  
de los hijxs y las tareas del hogar limitan los encuentros eróticos-afectivos; no obstante, se  
intencionan estrategias que permitan alimentar el vínculo mediante el disfrute de la sexualidad  
e intimidad.  
En opinión de las entrevistadas el respeto, la comunicación y la disposición a negociar  
favorecen la construcción de una relación armoniosa y facilitan decisiones saludables de  
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separación; logrando así ambientes y entornos posibilitadores para el desarrollo de los  
miembros de la pareja y sus hijxs, destacando que no se invalidan las dificultades que como  
pareja puedan experimentar.  
Adicionalmente, el establecer límites y metas conjuntas proporciona mejor calidad en  
la vida, y permite realizar acuerdos conscientes y coherentes a la realidad que se está  
afrontando en ese momento, logrando así establecer estrategias y recursos de apoyo para  
lograr la vivencia sana de la conyugalidad y parentalidad en paralelo.  
Por otro lado, desde la voz de las mujeres, en relación con el ejercicio de las tareas  
parentales, las funciones del hogar antes de la llegada de los hijxs son compartidas según  
las habilidades y recursos de cada miembro de la pareja, de igual manera, posterior a la  
llegada de los hijxs resaltan la participación de los hombres, distanciandose de las posturas  
patriarcales en las cuales no era habitual su vinculación en tareas de cuidado.  
Por otro lado, hay una repartición equitativa de la proveeduría económica en torno al  
bienestar del núcleo familiar conviviente, denotando que son tan tradicionales que se casan  
pensando en tener hijxs y tan modernos que todos los gastos los reparten por mitades.  
Ser madre, en opinión de las participantes, recoge sin fin de vivencias cargadas de  
amor, plenitud, satisfacción, alegría y aprendizajes, no se describe ninguna experiencia  
negativa; sin embargo, suscita sentimientos de angustia por lo que será de hijxs en el futuro.  
Los conflictos se logran negociar y gestionar por medio de recursos y estrategias;  
como el uso de reuniones familiares en torno a la mesa, donde logran dirimir las dificultades,  
escuchar los puntos de vista y tomar decisiones. Frente a las dificultades de pareja se opta  
por espacios solos donde puedan buscar alternativas; se niega sobremanera la discusión en  
frente de los hijxs como forma de protegerlos a ellos y a la relación de la pareja; al igual que  
dicen no involucrar a las familias de origen.  
En definitiva, se han descrito formas de cómo vivir la parentalidad y la conyugalidad;  
ahora bien, se deberá trasegar por un camino que llevará a múltiples retos y confrontaciones,  
personales y familiares en esta vivencia paralela. Se deberá buscar espacios para fortalecer  
su unión, en donde ha de reconocerse la necesidad de hacer cambios. Aquellos que no logren  
ser flexibles ante las vicisitudes que conlleva la consolidación de la pareja y el ejercicio de la  
parentalidad, aumentarán el riesgo de fracasar en su relación, ya sea durante la crianza de  
los hijxs, o bien en el momento de la salida de estos del hogar, pues es ahí donde se  
encontrarán con el padre de su hijx, más no con su pareja para afrontar los desafíos de la  
vejez.  
La pareja en últimas, desde la voz de las mujeres participantes, queda supeditada al  
trámite de acuerdos y conflictos que suscitan entorno al vínculo sexoafectivo y la gestión de  
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las esferas domésticas, laborales, educativas y de crianza que afrontan a lo largo de su  
existencia. Reconocen, que tareas asociadas con el maternar son priorizadas, así como  
exploran y ejecutan acciones que permitan el fortalecimiento del vínculo conyugal, buscando  
un equilibrio entre ser madres y la vida de pareja.  
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