y la actividad sexual, lo que podrá aumentar la carga frente a las tareas que se asumen como
adultos (Semenova Moratto Vásquez et al., 2015).
En relación con el vínculo parental se establecen estilos parentales que deberán estar
desligados de la vida en pareja, pues se entienden como vínculos diferentes; Mosmann y
Wagner (2008) indican una serie de características en el proceso de cuidado a los hijxs; allí,
aducen que padres que se denotan responsivos y exigentes serán padres autorizantes;
aquellos que cuentan con baja exigencia serán clasificados como negligentes; padres
responsivos, pero no exigentes, los denominan indulgentes; y aquellos excesivamente
exigentes y pocos responsivos serán autoritarios; de estos, el estilo autorizante no tendrá
mayor asociación con los conflictos conyugales, pero por su parte el autoritario si lo será,
denotando el impacto del ejercicio de la parentalidad en la relación conyugal. Sobre este
mismo asunto, Rodrigo et al (2015) puntualiza que “Cuando se realiza adecuadamente dicha
vinculación se favorecen los procesos constitutivos de la personalidad y del desarrollo del
niño, lo que repercute a su vez positivamente en el desarrollo de las figuras parentales.” (p.27)
Lo anterior reconocerá la experiencia de vida de la pareja como recurso que apoyará
el afrontamiento de recorridos vitales venideros, una vez resuelto el que le antecede; todo
esto como muestra de la forma cíclica en que las parejas se desenvuelven.
Frente a la gestión de la vida diaria, aflora una solidaridad mutua, amplia y disponible
en la pareja, se deberá negociar en mayor medida las responsabilidades acordes a dos
aspectos: estableciendo las decisiones económicas y la asignación de las tareas domésticas,
como fórmula primordial para la convivencia (Linares, 2010). Estas dimensiones cobran
relevancia en la pareja, pues permitirán, entre otras, continuar construyendo su proyecto vida
y la toma de decisiones conforme a su realidad.
En esta gestión de la vida diaria, con la llegada de los hijxs, la familia se amplía, por
lo que surgen nuevos papeles no solo en la pareja, entendidos como padre o madre, sino
también en los miembros de la familia extensa, donde surgen roles como abuelxs, tíxs,
hermanxs y primxs, situación que generará nuevas configuraciones y ordenamientos en el
sistema familiar (Semenova Moratto Vásquez et al., 2015). Separarse de la familia de origen
es una de las situaciones que tendrán mayor injerencia en la relación de pareja; los miembros
de la pareja traen consigo vivencias de sus familias de origen que permearan sus prácticas
de cuidado y crianza, lo que hace necesario establecer acuerdos que posibiliten un proceso
de soporte, cuidado y solidaridad, gestando vínculos seguros y claros que disminuyan el
riesgo de confusiones intergeneracionales en la toma de decisiones frente a la crianza de los
hijxs y la vida en pareja.
En definitiva, la vivencia paralela de la parentalidad y la conyugalidad podría traer
retos para las parejas, pues se estima la posible necesidad de generar transformaciones que
Revista Poliantea
E-ISSN: 2145-3101
Vol 21. Núm. 1 (2026)
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